Los escritos de María Valtorta sobre el apostolado laical son anteriores a todos los publicados hasta la fecha y revelan un fervor que la convirtió en evangelizadora por vocación antes de serlo por elección.
María Valtorta sentía la necesidad de «poder decir a las multitudes que Jesús debe ser amado con absoluta entrega».
La Acción Católica no era su opción preferida, pero fue el camino que eligió seguir tras darse cuenta de que no podía unirse a la Sociedad de San Pablo.
El espíritu del apostolado, tal como lo concebía María Valtorta, se resume en hacer que Jesús sea amado a través del conocimiento del Evangelio.





